[Haré un pacto de amor eterno Contigo, Señor]
47 . [Haré un pacto de amor eterno Contigo, Señor]
10 de Febrero de 2014. Monasterio Cisterciense. Perú
[Señor, aquí estoy dispuesto a dar lo todo por Ti, dispuesto a separarme, aun de los míos; aun de mi familia. Tú sabes que eres el primer pensamiento del día, Tú eres la única razón de mi existir; aquí estoy en el silencio y soledad de este monasterio.
Tú me trajiste a tener un día de desierto de amor en tu Sagrado Corazón, Tú me trajiste para preparar mi alma, mi corazón a los votos que estoy por emitir.
Jesús, muéstrame el camino de tu Divina Voluntad; no quiero hacer nada que vaya en contra a tu santo querer. Concédeme la gracia de ser siempre dócil a tus inspiraciones divinas, concédeme la gracia de ser santo, de morir totalmente a las cosas del mundo; de fijar mi mirada al Cielo y añorar el día en que exhale mi último suspiro en la tierra, para unirme Contigo en la eternidad.]
Hijo mío, quiero ser el único motivo de tu existir, quiero ocupar y llenar, con mi presencia, todo tu corazón; quiero embriagarte de amor, seducirte, hacerte mi discípulo; quiero que todo el día pienses solamente en Mí.
Haces bien en querer ser santo, pero aún te falta mucho camino por recorrer; aún no has crecido lo suficiente en estatura espiritual; aún te falta mucho para dar. Sé siempre incondicional, mantente dispuesto a obrar, a moverte por el camino que te señale.
Ora, la oración oxigenará tu espíritu; y considera que la vida consagrada es una gracia, un regalo que concedo a muy pocos.
Mantén siempre despierto tu amor por Mí, evita caer en la rutina, porque la rutina espiritual es puerta abierta a la aridez, al aburrimiento. La rutina espiritual lentamente, sin darte cuenta, te separa de Mí; entrarías en un desierto, desierto en el que verías un panorama lúgubre, sombrío; desierto en el que se minimizarían tus fuerzas y te sentirías impotente de caminar tras de Mí.
La vida consagrada ha de llevarte al continuo diálogo de Corazón a corazón Conmigo, a vivir en una continua experiencia del amor de Dios, al silencio exterior e interior para que tu espíritu permanezca recogido, esté siempre abierto a mi acción Divina.
La vida consagrada debe llevarte a disfrutar por adelantado las delicias del Cielo. Te saqué del mundo, te sumergí en los silencios de Dios; te saqué de tu familia para regalarte una nueva familia; familia en la que debes vivir en fraternidad, ayuda mutua.
Hijo, cuando un alma decide consagrarse perpetuamente a Mí, ha de tomar conciencia que es un "si" que ha de perdurar siempre; si cae en la infidelidad, se comete adulterio espiritual.
Cuando un consagrado decide optar por el mundo, cómo me hieren estas almas, cómo me lastiman; algunas de ellas juegan con las cosas de Dios, me prometen amor eterno, me prometen cargar con amor con las cruces de cada día; después reniegan, fácilmente cambian mi amor por un amor terreno, amor imperfecto; amor que muchas veces es manipulador, calculador, egoísta.
Tú ámame siempre y persevera hasta el final; los votos los debes vivir en plenitud.
Cierra las puertas de tu corazón a la tentación, tapa toda hendija, porque Satanás es astuto y puede llegar a ti para destruirte, separarte de Mí.
Recuerda que eres mío, puedo disponer de ti para lo que sea; enviarte, si quiero, a tierras lejanas; jamás me pongas condicionamientos, deja que actúe en ti con libertad, plena libertad; y así me darás gloria, así exaltarás mi Nombre sobre todo nombre.
Evita herir mi Corazón; si supieras cómo me duelen los pecados de las almas consagradas, si supieras en la agonía que me han sumido algunos de mis hijos que han dejado todo por Mí.
¡Ah!, Yo solo quiero verte sonreír, deja en el corazón de mis hijos una huella de mi Paz; sé fiel al carisma que te he inspirado para esta, mi comunidad naciente. No permitas que los siervos reparadores se desvíen del camino que les tengo trazado, a todos los quiero misionando en el Sagrario; a todos los quiero reparando las veinticuatro horas del día, las injurias e ingratitudes que recibo por parte de muchos de mis hijos; a todos los quiero como víctimas de mi Sagrado Corazón.
Como alma reparadora, inmólate en el altar de mi Corazón, acompáñame en la soledad de mi nuevo Getsemaní, consuela mi Corazón.
Como alma reparadora, sana mis heridas con las oraciones, con la espiritualidad que te he dado; no ocultes nada de lo que te digo, deja por escrito todas las mociones e ímpetus de tu alma; deja por escrito tus experiencias, nuestros coloquios de amor, y hablaré a cada alma en particular; le haré sentir que soy Yo quien le habla.
[Jesús, ¿ quién soy yo para que me trates con tanta ternura y misericordia? ¿Quién soy yo para que me llames a tu servicio? ¿Quién soy yo para que te valgas de mi miseria, de mi nada, y transmitas una espiritualidad al mundo entero?
Mañana, Dios mediante, 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes, haré un pacto de amor eterno Contigo. Te prometo ser víctima de tu Sagrado Corazón, difundir esta espiritualidad en todo tiempo, en todo lugar; me propondré consolar siempre tu Corazón, amar a la Santísima Virgen María, consagrarme a su Inmaculado Corazón cuantas veces Tú me lo inspires.
Te prometo cumplir con la Hora Santa cada noche del jueves, de once a doce, para reparar por mis pecados, los pecados del mundo entero; te prometo luchar con tesón para adquirir las virtudes necesarias para la santificación de mi alma.]
Has de saber que todo esto que me has dicho, lo he escrito en el libro de tu vida; has de saber que te he llamado y te he elegido para que despiertes en las almas amor por mi misterio eucarístico, amor por la cruz, amor y reverencia a mi Madre y a san José.
Eres apóstol de la reparación, por eso, debes estar dispuesto a morir, si fuese necesario, por Mí; a vivir en un continuo abandono a mi Providencia Divina.
[Jesús, dame la sabiduría que necesito para transmitir a las almas reparadoras y al mundo entero tus llamadas angustiosas, tus pedidos de amor.
Ansío realizar públicamente mi consagración definitiva a Ti; marca mi corazón con tu Nombre, así como se marca el ganado; mantenme en continuo enamoramiento contigo.
Tú sabes que eres el todo en mi vida; Tú sabes que quisiera morir de amor para marchar eternamente en tu compañía; Tú sabes que, de ser necesario, gustosamente daría mi vida por Ti y por la salvación de las almas.